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COMPETICION Y EDUCACION DEPORTIVA
La competencia en los deportes y el esfuerzo que demandan los mismos, son necesarios para dar vida a los juegos deportivos.
Un deporte sin competencia tendría tan poco significado y calor como si una sinfonía se tocara con pocos instrumentos o un cuadro se pintara sin una idea o un libro se escribiera sin un propósito.
La competencia es la verdadera esencia del deporte y la naturaleza de la actividad de los juegos como en muchas actividades de la vida. Es la lucha para vencer obstáculos naturales, mover la pelota hacia un extremo de la cancha, impulsarla con el pie para conquistar un gol como en el fútbol, introducirla en el cesto como en el básquetbol o en un pequeño hoyo como en el golf.
Hay varios deportes que pueden practicarse sin la ayuda de un oponente pero aquellos más populares como el fútbol, básquetbol, rugby, etc., requieren la cooperación de oponentes para ofrecer y satisfacer el interés. Sin un adversario no habría ninguna dificultad importante en mover la pelota a lo largo de la cancha.
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El oponente circunstancial proporciona el obstáculo principal y por lo tanto realiza un servicio a los jugadores. Cuanto mejor actúen los adversarios, más grandes son los obstáculos y desde que en los deportes de equipos hay que vencer obstáculos, se deduce que el oponente circunstancial más diestro, ofrece los obstáculos más serios, y por lo tanto, proporciona un servicio mayor, que se tiene que agradecer.
Aunque la esencia de los deportes es la competencia, los jugadores deben considerarse como amigos, sirviéndose mutuamente en el interés del juego.
Notamos en este principio, un nuevo aspecto, en el mundo del juego en el cual los jugadores de uno y otro equipo se consideran en primer término como amigos , reconociendo el servicio que se prestan unos a otros.
El rol que ejercen los juegos, si bien tienen su faz recreativa y de competencia, es desarrollar su acción más importante en la educación, enseñando a los niños a serenar sus impulsos, a reconocer la superioridad del adversario más hábil e inteligente y a respetar a las autoridades.
El instinto de lucha, el sacrificio personal por el bien del cuadro, el esperar su turno, el aprender a jugar limpio, el desarrollo de la lealtad, el apreciar y felicitar el triunfo de los demás, el aprender a controlarse ante la victoria o la derrota, son algunos de los factores importantes de inmenso valor educacional que ofrece la participación en los deportes. Las competencias deportivas tienen que tener el sentido de las fiestas de familia, es la oportunidad, es el momento de reunir a los deportistas y confraternizar alegremente horas y días.
Constituyen el mejor medio, la mejor vía de relación entre los individuos porque el acercamiento es espontáneo y responde a sentimientos de amistad y afecto y luego porque quienes participan en un campeonato, que conviven y confraternizan en el deporte son las generaciones jóvenes que se están formando, estableciendo normas y principios deportivos para el presente y el futuro.
Las competencias son fines y medios a la vez: FIN, en cuanto a la propia realización del torneo, práctica de los deportes y espectáculo de los deportes; experiencia de destreza, de pujanza, de técnica y de vida. MEDIO: porque es la manera en que se reúne a los jóvenes para que se conozcan mejor a la vez que como medio educativo. Los torneos deben realizarse para que confraternicen los jóvenes limpiamente, leal y caballerescamente, con legítimas ansias de triunfo en todos, pero no enceguecidos por la victoria sino alegres por el juego mismo, dado que lo fundamental en el deporte no está en el triunfo, sino en los valores morales que derivan de la práctica de los mismos, contribuyendo así a formar una personalidad definida. Algunas veces sus fines se han frustrado. El exceso de rivalidad, el ofuscamiento del jugador han provocado situaciones incómodas, cuando no perjudiciales para los fines del deporte. Por esta razón es que debemos bregar para que en los deportes nadie quiera la victoria a cualquier precio, porque no es victoria la que se consigue ilícitamente. Debemos enseñar que la derrota no es un hondo infortunio ni tiene grandes proyecciones, que la competencia en el juego empieza y termina en la cancha y que los deportes deben ser practicados sin artimañas, sin violencias y sin protestas. Es absurdo, pensar siquiera que puede hacerse cuestión de honor, donde no existe otra cosa que un juego atlético entre jóvenes.Llevando a la práctica estas normas, por las que debe regirse el deporte, pasados los años de juventud, llevaremos en nuestros corazones, algo más que recuerdos del pasado, algo más que un premio conquistado, llevaremos el caudal de amistades conquistadas en los campos deportivos y una personalidad que irradia confianza, dinamismo y fe en los principios físicos, morales y educacionales del deporte.
ARMANDO HIRSCH
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