LASTIMA
QUE LOS PADRES
QUIERAN JUGAR DE AFUERA

   "Yo quiero que vos seas..."  La sentencia del papá fue el comienzo de un drama que año a año está incrementándose en todo nuestro ambiente del club, específicamente, el minibasquet.
Ya hemos hablado sobre los beneficios o sobre la importancia del movimiento minibasquista, pero mucho más profundamente habría que tratar el problema que llevan los padres al minibasquet.  La polémica se abre domingo a domingo al costado de una cancha, donde se escuchan los gritos de aliento y los desenfrenos de otros que lejos de estimular el espíritu deportivo de sus hijos, no hacen más que dañarlo con su incomprensión, intemperancia o desconocimiento total de las reglamentaciones.

     Es muy común escuchar a los padres que jugaron basquet que los chicos son mal enseñados por sus entrenadores, amigos e, inclusive por los entrenadores mayores.  Seguramente que en esa evaluación liviana, no se tuvo en cuenta un factor primordial, la edad del jugador. En muchas oportunidades a esos mismos padres se les pregunta a qué edad comenzaron a jugar al basquetbol y, generalmente, se coincide en que lo hicieron a mucha más edad que lo están haciendo sus hijos.  Entonces ¿porqué exigirles algo que ellos mismos a esa edad no estaban capacitados para hacerlo ?  

     La situación se plantea mucho más grave en cuanto el niño demuestra cierta habilidad en el manejo de la pelota y comienza a destacarse entre sus compañeros.  El sueño se ve reflejado en su hijo que es la imagen que ellos mismos como padres no pudieron alcanzar, ahí comienza a hacer estragos la relación padre-hijo. 

     Es muy común escuchar decir que fulano o zultano se creen que tienen a "Maradona en el fondo de su casa"  El hecho puede tener una acepción reemplazando al ídolo futbolístico con la figura del basquet que el progenitor prefiera o halla admirado.  Y es así como seguirá a su hijo a todos lados y le exigirá que sea el mejor de su equipo.  "Papá, Tito me dijo que voy a ser el Capitán del equipo".  Íntimamente orgulloso, pensará que no podría ocurrir otra cosa.  "¿Qué te dije? Yo sabía...".  Y la historia seguirá con cualquier excusa donde poder alentar y exigir cada vez más que su hijo siga siendo el mejor o que al menos lo intente.  Olvidará así, la edad de su hijo que el deporte en ese instante está sustituyendo a un juego y lo que quieren los niños a esa edad es sólo jugar y divertirse.

     Las indicaciones de los padres mucho más vehementes que las que normalmente puede hacer su propio entrenador, suelen producir situaciones que los dejan en ridículo. Cierta vez, en un gimnasio de los tantos que se pueblan los domingos por la mañana, un chico de mini ya cansado de las indicaciones de su padre se paró en medio de la cancha, puso la pelota debajo de su brazo y le dijo: "Parála, papi", haciendo gestos muy elocuentes con sus manos.  Pero eso, si bien pudo ser jocoso, fue un llamado de alerta para el mismo padre.  Poco tiempo después, el niño dejó de practicar el deporte por propia decisión.
En otra oportunidad, otro padre quiso hacer justicia por su propia mano al intentar agredir a un niño que le había cometido una falta descalificadora a su hijo.  Reaccionó recién cuando estaba en la comisaría de la zona tratando de justificar lo injustificable.

     Pero no todo lo que hacen los padres del mini­basquet está mal hecho. Gracias a los padres el minibasquet sigue adelante. Allí han hecho escuela una serie de dirigentes que es muy probable que el día de mañana se conviertan en los grandes directivos que necesita el deporte. 

     Hay que reconocer que así nacieron las grandes manifestaciones que tiene el minibasquetbol, como lo son los encuentros nacionales y, más recientemente, el encuentro internacional.  Las reglamentaciones precisas bien meditadas, tratando siempre de beneficiar el espíritu deportivo y respetándose el principio lúdico; los torneos, en general bien estructurados y los constantes intercambios que se realizan entre Clubes capitalinos y provincianos, son obra de los padres del minibasquet. 

     Aunque también hay que reconocer que tampoco hay que llegar a los límites de tener que observar como los mayores hacen suyo algo lo que les pertenece a los niños.  Como decía Aristóteles, la verdad está en el justo medio.  De ese equilibrio que sabiamente, marca la natural diferencia de edades, surge el minibasquetbol.

 
Volver a Apuntes