DESERCION ESCOLAR DE LOS MAS JÓVENES

YO DIGO.
Los derechos de un joven
Laura Rosen, docente, profesora de Ciencias de la Educación

El deporte se ha vuelto exigente, generando una carrera tentadora para adolescentes que se consideran con el futuro en sus manos, a salvo de decadencias, inmortales.

Desde las instituciones deportivas se buscan atletas cada vez más jóvenes, con cuerpos a moldear según las necesidades. Se les de manda entrenamiento físico diario, con una dedicación casi exclusiva que deja poco tiempo para algo más, y se propicia el desarrollo de un pensamiento táctico referido a una competencia específica.

Frente a las promesas de éxito, fama y dinero, la educación -especialmente en la enseñanza media- pierde terreno. Deportistas-adolescentes abandonan la escuela ante la imposibilidad de responder a las exigencias de ésta y del deporte.

Los clubes son instituciones que forman personalidades y no pueden eludir su compromiso de atender la formación integral del joven. No es cuestión de desconocer los beneficios de la actividad física, pero las exigencias al cuerpo no pueden superar los requerimientos del desarrollo intelectual y social, sin el cual un hombre estará desintegrado, en desventaja para afrontar un mundo complejo.

Cuando su vida activa, a los 30 ó 35 años, comienza a declinar, el deportista entra en crisis. La elasticidad para superarla y encontrar nuevas ocupaciones definirá su futuro. Esa flexibilidad depende del desarrollo intelectual y social, que en gran medida se logra durante la etapa de escolaridad.

Aunque la escuela esté en crisis, los lazos sociales que genera y las posibilidades de intercambio intelectual que propicia no han podido ser sustituidas. Ni siquiera por las ofertas virtuales.

El objetivo de formar personas integradas debe ser compartido por todas las instituciones que trabajan con jóvenes. Ellos tienen derecho a la recreación, al respeto por su cuerpo, a practicar deportes, también, a recibir educación.

 
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