DESERCION ESCOLAR EN LA LIGA ARGENTINA

Cada vez que se analizan algunos temas en el deporte en general o en uno en particular, es imposible hacerlo si se lo limita a ese ambiente. Hay problemas que trascienden ámbitos y pertenecen a la sociedad. Eso ocurre si uno quiere encontrarle una explicación, por ejemplo, a la carencia de educación, un mal que no sólo lo sufre el básquet argentino, sino el país.

Datos contundentes lo ratifican: el 13.5% de los argentinos que cursaron el secundario en 1997 no se anotaron para seguir en 1998, según un relevamiento del Ministerio de Educación. Y aunque otro estudio no oficial dio un índice mayor (17.9%), las cifras son muy altas (­casi 20 de 100 dejan el colegio!) y muestran la crisis por la que atraviesa la educación argentina.

Ese problema se traslada, lógicamente, al deporte y al básquet. Tan seria es la carencia de formación que en el último seleccionado argentino que disputó un torneo internacional (los Panamericanos 99) sólo cinco de los 12 jugadores finalizaron el secundario. Y si vamos a la Liga Nacional se obtiene un porcentaje más preocupante: de los 108 jugadores mayores de 19
años que encuestó Olé, apenas 73 tienen el título secundario, lo que significa un 32.4% de deserción, más del doble del que se observa en nuestro país. Incluso peor es el crecimiento de la tendencia en una liga que se alimenta cada vez más de los más jóvenes. De los 32 menores de 19 años que integran los planteles de la A, 11 dejaron el colegio (34.4%). La luz de alarma se prendió y éste es el panorama.

Clubes desinteresados. Las estadísticas no serían tan altas si hubiera una mayor predisposición de los clubes a facilitar, incentivar y, si es necesario, obligar a los chicos a conseguir al menos un título secundario. "En muchas instituciones los dejan al libre albedrío. No existe un control", opinó Enrique Tolcachier, técnico de Ferro. Otro DT, Pablo Coleffi, aportó más datos con una anécdota: "Cuando llegué a Comodoro  encontré cuatro vagos tirados en una cama, mirando TV todo el día y sin estudiar: eran Davico, Moldú, Varas y Román González. Los obligué a ir al
colegio y hoy tengo la satisfacción de que tres hicieron el secundario. En Andino encontré algo parecido y puse manos a la obra".

Adolfo Perazzo, quien logró estudiar mientras jugaba en los 70, fue más allá: "En mi época fue diferente. Ahora cambió porque los valores sociales se modificaron. Como todos buscan éxito y ganancias, se olvidan del antes y el después. No se dan cuenta del daño que les hacen, en especial a los que no llegan".

Independiente de Pico, que cuenta con una gran cantera, modificó su plan desde que no está Flor Meléndez. El presidente Rubén Bocchio explicó que "cada uno tiene un responsable que sigue sus avances en el colegio. Además, nos aseguramos que vivan bien. Lo hacen en departamentos, retiran comida de una buena rotisería y reciben viáticos mensuales". Sin embargo, los pibes no están de acuerdo. "No me conforma como vivo. Esperaba más. Además, aún no nos pagaron nada en esta temporada", reveló Gabriel Mikulas cuando Olé
lo consultó. Fernando Malara, quien dejó este año, aseguró que nadie lo obliga a estudiar.

Pibes encandilados. Igual o mayor grado de culpa tienen los chicos y sus familiares. Ocurre que son muchos los pibes que se enceguecen con las luces de la Liga y se olvidan del resto. Dedican todo su tiempo a las prácticas. Y como ponen los huevos en una canasta, recién se dan cuenta del error que cometieron cuando no llegan a convertirse en profesionales destacados y
deben volverse a sus ciudades de origen con años de estudio perdidos. Los padres también son responsables. "Lo más difícil es manejar la ansiedad de  aquellos que creen que van a salvarse con sus hijos. Los chicos son difíciles de controlar, aun para los tutores, y si los padres no lo hacen, se complica mucho...", opinó Jorge Chiabrando, presidente de Libertad.

Debido a que la mayoría no logra su sueño, el problema es grave. Incluso lo sienten aquellos que llegan a vivir del básquet. Cuando cuelgan las botitas, a los 30 y pico, recién ahí se avivan de que no saben hacer nada. Y como no todos pueden vivir del básquet, no encuentran trabajo y caen en un bajón. El caso de Luis Oroño, DT de Regatas, es para rescatar. "Yo no pude estudiar. Dejé en segundo año porque debí salir a trabajar por una situación familiar delicada. Y cuando me retiré, me costó. Sobreviví vendiendo ropa. La oferta de Regatas me llegó en el momento justo", dijo.

Educarse para vivir mejor. Ahora el estudio es aún más importante por la malaria existente en el básquet argentino. "Ya dejó de ser un gran negocio. Apenas sirve para sobrevivir", opinó Josi Gil. Oscar Sánchez, técnico de Quilmes, asintió: "Si fuera jugador, me replantearía si puedo seguir
viviendo de este deporte", agregó.

Sebastián Festa, rebelde como en la cancha, descree de la necesidad de un título para tener un mejor futuro. "En Argentina no sirve de nada tenerlo, menos si es del secundario. A mí me faltan tres materias para terminarlo, pero no voy a darlas. Tengo varios amigos recibidos en universidades que deben ganarse la vida con otras actividades porque no consiguen trabajo",
sentenció el base de Boca.

Igual, el estudio no sólo es importante para tener un oficio cuando aparece el retiro. También es clave en la vida. "Te prepara para superar los  obstáculos, para tomar mejores decisiones de vida", opinó Perazzo.   "Aquellos que estudian son jugadores más inteligentes. Entienden mejor y
más rápido las cosas dentro de la cancha. Y afuera se comportan mejor", aportó Julio Lamas, el DT del seleccionado.

El panorama es negro. Ya es hora de que todos entiendan la gravedad del problema y empiecen a ver más allá de la pelotita. De lo contrario, en el futuro se arrepentirán.
Sin soluciones, sólo intenciones
Tolcachier presentará un proyecto para que el estudio sea obligatorio para los chicos.
 
El problema preocupa y varios ya empezaron a buscar soluciones, pero el panorama está lejos de arreglarse. Enrique Tolcachier le adelantó a Olé que presentará un proyecto en la Asociación de Clubes (AdC) para que se reglamente. "Debe ser obligatorio. Aquel que deje el secundario no podrá integrar la lista de buena fe. Cada club debería presentar el boletín para anotar a los juveniles", explicó.

Eduardo Bazzi, presidente de la AdC, comparte la preocupación y está dispuesto a escuchar propuestas. "Cuando estuve en Sport siempre obligué a estudiar. Teníamos una cantera muy grande y, salvo excepciones, todos se recibieron de perito mercantil. Creo que es necesario hacer algo ahora", contestó. Lo mismo piensa Gustavo Fernández, el nuevo presidente de la
Asociación de Jugadores: "Es un punto agendado para hablar. No sólo si se estudia o no, sino también cómo viven". Como se ve, intención hay, pero es necesario la presencia de especialistas que opinen qué camino tomar.

Ejemplos. No hay una receta entre los pocos clubes que se preocupan por los pibes. Boca es uno de los que mejor trabajan: "Los empujamos a que estudien. Les ponemos tutores (Leo Minervini es el de Adrián Boccia y Rolando Córdoba el de Maxi Maciel) y controlamos. La administración del club tiene contacto con los colegios y si los muchachos andan mal, reciben
sanciones: no se entrenan con la Primera o no viajan. Por ejemplo, Maciel tiene condiciones para estar en el plantel, pero como no tiene buenas notas, no se lo convoca. Otro caso: como Boccia tenía muchas faltas, no lo llevamos a la pretemporada a pesar de que Magnano lo necesitaba. El único que dejó fue Calderón y estamos intentando que, al menos, haga un curso de inglés o computación", explicó el manager Angel Cerisola.

En las selecciones juveniles también se está buscando no perjudicar a los chicos. Horacio Muratore, presidente de la Confederación Argentina, explicó  que "ahora con Julio (Lamas) intentamos no hacer concentraciones tan largas para que no falten tanto". Lamas no quiere que vuelva el pasado: "Con Vecchio hubo pibes que dejaron de estudiar o quedaron libres por las
faltas, como ocurrió con Victoriano y Gutiérrez cuando yo estaba en Olimpia. Y lo hizo para ganar un Sudamericano de cadetes. Eso es una barbaridad, algo que yo no me voy a cargar en mi conciencia. Prefiero perder el título", opinó
 
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